Deportes
Colombia dejó de competir hace rato!
No me sorprende lo que está pasando con la Selección Colombia. Lo vengo diciendo desde hace meses y muchos me criticaron: este equipo no juega bien. Gana algunos partidos por talento individual, por una genialidad aislada o por momentos de inspiración, pero no convence, no impone condiciones y, sobre todo, no transmite hambre de gloria. Seguimos creyendo que con el nombre alcanza. No alcanza. No tenemos un delantero que intimide a los rivales. Nos cuesta definir, desperdiciamos oportunidades increíbles y hasta los penaltis, que se entrenan una y otra vez, terminan siendo un drama. Eso no es mala suerte; también habla de preparación y fortaleza mental. Y hoy esa fortaleza no la tenemos. Las convocatorias dejaron muchas preguntas. Hubo jugadores que llegaron sin su mejor nivel o con problemas físicos. James no debió estar en la convocatoria: llegó sin ritmo, sin partidos y sin el nivel necesario para afrontar un Mundial. Y eso pesa a la hora de competir. Simplemente, nunca estuvo a la altura. Mientras tanto, otros futbolistas que atravesaban un mejor momento se quedaron por fuera. Jhon Córdoba llegó lesionado y lo demostró durante el Mundial. Aun así, fue convocado. En una selección no se juega por el pasado ni por el nombre; se juega por el presente. Y ahora viene lo más preocupante: el conformismo. En Colombia parece que siempre hay una excusa. La famosa frase: “Gracias, guerreros”. ¿Gracias por qué? Si se pierde, la culpa es del árbitro, del clima, del calendario, de los viajes largos o de la suerte. Casi nunca hay una autocrítica seria. También creo que la dirigencia tiene una enorme responsabilidad. Mientras no exista una cultura de exigencia, transparencia y rendición de cuentas, será muy difícil construir un proyecto ganador. El fútbol colombiano necesita dirigentes que piensen más en el desarrollo deportivo que en administrar el presente o, peor aún, en lucrarse ellos mismos. La afición merece mucho más. Merece un equipo con carácter, con ganas de triunfar, con rebeldía y con líderes que no se escondan cuando el partido va mal. Hoy no veo un proyecto que ilusione. Veo una selección que se acostumbró a competir sin dar el último paso, a celebrar pequeñas victorias mientras las grandes metas siguen quedando lejos. Además, la mayoría de sus jugadores ya supera los 32 años y nunca se trabajó de verdad en el presente ni en el futuro, en ese relevo generacional que toda selección exitosa debe planificar. Y, aunque duela decirlo, la verdad es esta: si no cambiamos la mentalidad desde arriba hasta abajo, seguiremos viviendo del recuerdo de una generación brillante y esperando un milagro que nunca llegará. El fútbol no premia el conformismo. Premia la excelencia. Y Colombia, hace rato, dejó de perseguirla.
Camilo Plazas
7/9/20261 min leer


My post content
Contacto
Escríbeme para compartir ideas o sugerencias
Teléfono
© 2025. All rights reserved.